La música de los números primos (Marcus du Sautoy; ed. Acantilado)

Ha sido estupendo que mi compañera de trabajo Luisa me prestara este libro. Es una persona que transmite paz y me aguanta en mis peores momentos. También es matemática y pensó que me gustaría. Acertó. Es más, lo he disfrutado tanto que me lo compraré para tenerlo a mano siempre que quiera. Esto mismo ya me pasó con “El tío Petros y la conjetura de Goldbach” que me prestó Mireia hace muchos años. En aquel momento me dejó tan buen sabor de boca que sugerí que me lo regalaran en una celebración de Sant Jordi. Cuando recibí el regalo no pude hacer nada más que volver a leerlo. Ambos libros me han influido positivamente y han reconfortado a mi corazón matemático. El pobre lo ha pasado bastante mal y necesita que lo mimen un poco.

Algunos os preguntaréis de qué va y si cualquier persona puede leerlo sin perecer en el intento. Sinceramente creo que es posible disfrutarlo sin tener los conocimientos matemáticos de un universitario. El concepto de número primo se estudia y de aprende (o debería aprenderse) en la enseñanza obligatoria. Ahora bien, sí creo que el lector no matemático debería asumir que ciertos conceptos no los va a comprender. Sin embargo, ese vacío conceptual  no impediría su comprensión de los acontecimientos narrados puesto que la narrativa es ágil y como acercamiento a una parte de la historia de las matemáticas es una gran opción de lectura.

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En el índice podéis ver un primer capítulo que algunos podrían confundir con un concurso de televisión. En realidad, el autor comienza la narración en el discurso pronunciado por David Hilbert durante la celebración del Congreso Internacional de Matemáticas de 1900. En este discurso Hilbert enumera ante la audiencia una lista de problemas de matemáticas que carecían de respuesta en aquel momento (los conocidos problemas de Hilbert). Pasado un siglo desde aquel congreso, en el año 2000, el Clay Mathematics Institute anunció los siete problemas matemáticos, conocidos como los problemas del milenio, cuya resolución se premiaría con un millón de dólares. De ahí el título del capítulo ¿Alguien se anima? ¿Quién quiere ser millonario? De momento sólo se ha resuelto uno así que estamos a tiempo.

Reconozco que al principio me costó sentirme cómoda con el libro. Me lían las historias que van saltando de un lado para otro, saltando de un matemático o resultado a otro. Demasiados nombres nada más empezar. Menos mal que el cerebro se acostumbra y una vez que empieza a ordenarlo todo es cuando realmente empiezas a disfrutar de la lectura. En mi caso sólo tuve que llegar a la página 80 para estar lo suficientemente cómoda y relajada, lo que hizo que me quedara totalmente prendada de este libro. Una vez terminado volví a leer las primeras páginas para cerrar el círculo y terminar de integrarlo todo.

El autor se aproxima a los conceptos matemáticos con mucha prudencia. Uno de los ejercicios más complicados que realiza es conseguir un texto divulgativo riguroso que se adentra en problemas complejos pero que resultan atrayentes por el contexto y el contenido histórico que sirven de vía de escape para mantener la atención del lector. Creo que para los matemáticos o los amantes de la historia este libro podría ser una joya. Una vez leído puedo asegurar que me ha dejado huella. He recuperado una parte de mí que se había quedado enterrada en el hastío por la cotidianidad laboral. Cómo no emocionarme al leer sobre matemáticos extraordinarios a los que admiro profundamente y sobre los que he estudiado sus teorías pese a que me sobrepasaban totalmente.

 Me resulta fascinante ver que de un concepto tan básico se pueden llegar a plantear cuestiones tan complejas que nadie ha sido capaz de demostrar. El enigma de la distribución de los números primos y la complejidad de encontrar nuevos números primos (ahora estamos hablando de números primos de más de 22 millones de dígitos) es más que estimulante para cualquier mente matemática. Si a esto le añadimos la computación, criptografía y la seguridad en internet tenemos un combinado propio de una película de espías.

Haced caso a Luisa y leed el libro porque os gustará. Yo le hice caso y estoy encantada.

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